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    Qué significa D6, C30 o TM en un homeopático

    En la ficha de estos productos mostramos la dilución y cuánta sustancia queda realmente en cada dosis. Acá explicamos de dónde sale ese número, qué es la tintura madre, y qué dicen sobre estos productos los estudios, los laboratorios que los fabrican y el ISP.

    Qué quieren decir esas letras

    • TM es la tintura madre: el punto de partida, del que hablamos más abajo.
    • D quiere decir que se diluyó de a diez veces en cada paso. Una D1 es diez veces más diluida que la tintura; una D2, cien veces; una D6, un millón de veces.
    • C quiere decir que se diluyó de a cien veces en cada paso. Una C6 equivale a una D12.

    El número que aparece en el envase —«2,2 mcL», «75 mg»— es cuánto se agregó de la dilución, no cuánta planta o mineral contiene. Por eso en la ficha de cada producto mostramos las dos cosas por separado.

    Qué es la tintura madre

    Es el preparado del que arrancan todas las diluciones: la planta —o el mineral, o lo que sea— se deja reposar en alcohol y agua durante un tiempo, hasta que el líquido toma sus componentes.

    La tintura madre ya es, ella misma, un extracto. La farmacopea fija la proporción para cada planta: lo más habitual es 1:10, o sea una parte de planta por diez de tintura terminada; en plantas frescas puede ser 1:2, 1:3 o 1:5. Por eso en algunas fichas verá escrito «TM 1/10» o «TM 1/3»: esa fracción es la proporción.

    Un ejemplo para fijarlo. Un gel que dice árnica TM 10 % lleva 10 gramos de tintura por cada 100 gramos de gel. Y como esa tintura es 1:10, la planta misma queda en torno al 1 % del gel. Parece poco, pero es una cantidad real y medible, comparable a la de muchos productos de herboristería, y ahí sí hay materia que puede actuar sobre la piel.

    De ahí en adelante cada paso divide por diez o por cien. Una D6 de esa misma árnica deja una millonésima parte de la tintura.

    Para hacerse una idea

    DiluciónProporciónEs como…
    TMla tintura mismalo que se saca de la planta al dejarla reposar en alcohol: alrededor de una parte de planta por diez de líquido
    D11:10una cucharada en un vaso
    D31:1.000una gota en un litro
    D61:1.000.000una gota en 50 litros
    D121:1012una gota en una piscina olímpica y media
    D24 · C121:1024aquí se acaba la materia. Una sustancia no se puede dividir sin fin: llega un punto en que ya no queda ni una sola molécula de lo que se diluyó
    C301:1060muy por encima de ese punto
    C2001:10400no hay comparación posible: en todo el universo hay muchísimas menos partículas que eso

    Por eso conviene mirar el número de cada producto: no todos son iguales. Una tintura madre o una D1 entregan una cantidad real; una C30 no entrega nada. Varios productos que se venden como homeopáticos son, por su fórmula, preparados de hierbas.

    De qué están hechos

    No sólo de plantas. Entre los que tenemos en el catálogo hay:

    • Plantas y hongos — árnica, caléndula, belladona, pasiflora.
    • Minerales y metales — azufre, nitrato de plata, oro, sulfato de cobre.
    • De origen animal — veneno de serpiente (Lachesis), tinta de jibia (Sepia), araña, cucaracha.
    • De órganos — los que llevan «suis» vienen de tejido de cerdo: cartílago, placenta, hipófisis.
    • De material biológico — como el Influenzinum, preparado a partir del virus de la influenza.

    Venga de donde venga, el procedimiento es el mismo, y lo que decide cuánta sustancia queda es la dilución.

    De dónde viene

    La creó Samuel Hahnemann, un médico alemán, hace poco más de doscientos años. Ayuda saber cómo era la medicina de entonces: se trataba a los enfermos con sangrías, purgas y mercurio, y muchas veces el tratamiento hacía más daño que la enfermedad. Al lado de eso, un tratamiento que no hacía daño y un médico que escuchaba largo rato al paciente daban mejores resultados que lo habitual. Eso explica buena parte de por qué se extendió.

    En qué se basa

    Hahnemann planteó cuatro ideas:

    • Lo semejante cura lo semejante. Una sustancia que le provoca ciertos síntomas a una persona sana serviría para tratar esos mismos síntomas en una enferma.
    • Diluir aumenta la fuerza. Al diluir una y otra vez, agitando fuerte en cada paso, el preparado no se debilitaría sino que actuaría más.
    • Probar en sanos. Los síntomas de cada sustancia se anotan dándosela a voluntarios sanos.
    • Un preparado distinto para cada persona. Se elige según el conjunto de síntomas de quien consulta, no según la enfermedad.

    La segunda idea es la que no encaja con lo que sabemos de química. En todo el resto de la medicina ocurre al revés: a menos cantidad, menos efecto. Y pasado cierto punto de dilución no queda nada que pueda actuar. Se ha propuesto que el agua conservaría una especie de «memoria» de lo que estuvo disuelto en ella; esa idea se publicó en la revista Nature en 1988, y cuando el experimento se repitió con controles estrictos, el resultado no volvió a aparecer. Hasta hoy no hay una explicación física aceptada.

    Qué han encontrado los estudios

    La respuesta no es una sola, porque no todos estos productos entregan lo mismo.

    Tintura madre y diluciones bajas (TM, D1, D2, D3)

    Aquí hay sustancia en cantidad real, así que se los estudia como a cualquier preparado de hierbas. Varios tienen estudios a favor: el árnica en gel o crema para golpes y moretones, la caléndula para irritaciones de la piel, la pasiflora para el nerviosismo leve. No todos esos estudios son igual de sólidos, pero la idea se sostiene: hay componentes suficientes para hacer algo. Esto es fitoterapia —preparados de plantas— aunque el producto se venda rotulado como homeopático.

    Diluciones intermedias (D4 a D12)

    Todavía queda algo, pero cantidades diminutas: millonésimas de gramo o menos, muy por debajo de lo que se sabe que hace efecto para esas mismas sustancias. No hay una explicación de cómo podrían actuar, ni estudios que lo respalden con claridad.

    Diluciones altas (D24, C12 y más)

    No queda ninguna molécula de la sustancia. La única pregunta posible es si el producto se comporta distinto de una pastilla sin nada, y los estudios dicen que no.

    Cómo fue cambiando la conclusión

    Vale la pena conocer el recorrido. En 1997 la revista The Lancet publicó un trabajo que juntaba muchos estudios y cuyos autores concluyeron que los resultados no se explicaban sólo por el efecto placebo. En 2005, la misma revista publicó otro que comparó esos estudios con otros de medicina convencional de igual tamaño y calidad: encontró que los trabajos pequeños, y los que alcanzan a publicarse, tienden a mostrar resultados mejores que los reales, y que al corregir eso la diferencia con el placebo desaparecía.

    Después de eso, los principales organismos científicos han coincidido. En 2015 el consejo nacional de investigación médica de Australia revisó 176 estudios y concluyó que no hay evidencia confiable de que sirva para ninguna de las enfermedades que examinó. En 2017 el consejo de academias científicas europeas llegó a lo mismo. Y las revisiones Cochrane —que reúnen y evalúan todos los estudios de un tema— no han encontrado evidencia suficiente en las indicaciones que analizaron.

    Los homeópatas responden que esos estudios no miden bien lo que ellos hacen: un ensayo le da el mismo preparado a todo un grupo, y ellos sostienen que debe elegirse persona por persona. Se han hecho estudios diseñados de esa manera, y tampoco mostraron diferencias claras con el placebo.

    Por qué se venden en la farmacia

    • Tienen registro sanitario del ISP y su venta es legal.
    • No hacen daño: en las diluciones altas no hay sustancia suficiente para ser tóxica, y eso pesa en que los organismos los autoricen.
    • Hay gente que los usa y los pide, muchas veces junto a su tratamiento habitual.
    • Algunos entregan una cantidad real: las tinturas madre y las diluciones bajas son, en los hechos, preparados de hierbas.

    Qué dicen los fabricantes

    Los laboratorios que los fabrican los presentan como medicamentos que ayudan al cuerpo a regularse, preparados según la farmacopea homeopática alemana, y respaldan lo que afirman con estudios propios y con la experiencia de muchos años de uso. Cada producto lleva en su folleto la indicación que le autorizaron, y el propio folleto recomienda consultar al médico si los síntomas siguen o empeoran.

    Qué dice el ISP

    El Instituto de Salud Pública los inscribe según el Decreto Supremo 3/2010. Ese decreto abre dos caminos para registrar un producto: el normal, que obliga a presentar pruebas de que es seguro y de que sirve, y uno simplificado que no pide demostrar que sirve, que es por donde entran habitualmente estos productos.

    Dicho en simple: el registro garantiza que el producto está bien hecho, que es seguro y que se fabricó según la farmacopea, y lo somete a los mismos controles sanitarios que un medicamento. No garantiza que funcione.

    Como recomendación general, y en línea con lo que indican los propios folletos: no conviene usarlos en reemplazo del tratamiento de una enfermedad ni postergar por ellos una consulta médica.

    Si tiene dudas sobre alguno de estos productos, o sobre si conviene usarlos junto a un tratamiento, consúltelo con su médico.

    Revisado por el equipo de Pehuén Farmacias · 11 de septiembre de 2026